No juegues con las emociones

Por: Luis Ramírez, docente de BURSEN y Gerente General de Kevala Advisors.

BURSEN LINKEDIN 21

En el mercado hay muchas frases populares que recogen la experiencia de los inversionistas a lo largo del proceso de inversiones. Una de ellas dice “el mercado no solo se mueve por fundamentos”, tal vez la escucharon alguna vez. Antes de seguir, permítanme explicar a qué nos referimos cuando hablamos de fundamentos. Los fundamentos son todos aquellos eventos de tipo económico, político o financiero que representan el entorno y la realidad de un negocio, y que por lo tanto inciden en sus resultados. Entonces, cuando decimos que la acción de una empresa tiene fundamentos, queremos decir que dicha empresa esta siendo adecuadamente gestionada, que sus números financieros son buenos y que el futuro del negocio se ve prometedor.

Cuando decimos que el mercado no solo se mueve por fundamentos, estamos aceptando que en la cotización de una acción no solamente influye el entorno económico, los estados financieros de la empresa, la estabilidad política del país en que dicha acción cotiza, entre otros. Estamos diciendo que hay “algo” totalmente ajeno a estos factores, que también afecta los precios de las acciones en el Mercado.

Para no seguir con el misterio entendamos la dinámica del precio de mercado de un activo cualquiera. Primero debemos tener claro que en mercados financieros la información es central para la toma de decisiones. Entonces, lo que vamos a tener es un flujo permanente de información que fluye al mercado, información que puede ser externa a la empresa (entorno económico, estabilidad política, conflictos sociales, etc.) y también información interna a la empresa (resultados financieros, renuncia o contratación del gerente general, fusiones, expansión del negocio hacia otros mercados, etc.).

Pues bien, esta información que fluye al mercado es recibida y analizada por los inversionistas y como resultado de este proceso, los inversionistas se forman expectativas acerca del impacto que dicha información tendrá sobre los precios de los activos financieros. Lo que a su vez los llevará a tomar la decisión de invertir o no invertir, comprar, no comprar, o tal vez vender dichos activos.

Los inversores antes de ser inversionistas son personas, seres humanos que como cualquier mortal tiene sentimientos, miedos y estados de ánimo, que pueden pasar de optimismo a pesimismo y viceversa. El proceso de análisis de dicha información, y posterior toma de decisiones, probablemente estará influenciado por el momento particular a cada inversionista o de manera general por lo que llamamos “sentimiento del mercado”.

Esto significa que la decisión final incorporará algo de “ruido”. En determinados momentos, especialmente en los extremos de los ciclos del mercado, ese ruido puede ser significativo. Es aquí  cuando decimos que las emociones dominan la racionalidad de los inversionistas. Quiero dejar claro que de ninguna manera esto significa que el movimiento de los precios en el mercado no guardará una relación lógica y coherente con lo que pasa en el mundo. El hecho que las emociones intervengan en el proceso no cambiará la dirección del movimiento (subida o bajada) que un evento cualquiera (económico, político o social) generará en el precio del activo, pero si influirá en la intensidad del movimiento, haciendo subir las cotizaciones más de lo que fundamentalmente se justifica, o haciéndola bajar mas de lo que los fundamentos explicarían. Cuando pasa esto, decimos que el mercado a “sobre reaccionado” y a veces puede ser oportunidad de compra o de toma de ganancias, según sea el caso.

Aparte de ello, a lo largo del proceso de toma de decisiones se presentan una serie de sesgos cognitivos que también afectan la forma en que decidimos. Existe por ejemplo, lo que se conoce como el sesgo confirmatorio, que se da cuando buscamos información en forma selectiva que apoye o respalde nuestras decisiones o cuando tendemos a interpretar los hechos de manera que se adapten a nuestra visión del mundo.

El sesgo confirmatorio puede actuar de manera conjunta con lo que se conoce como disonancia cognitiva, la cual es un sesgo psicológico que nos induce a crear un “entorno agradable” para justificar una mala decisión, pues nuestro cerebro no está diseñado para aceptar una mala imagen de nosotros mismos.

Estos son solo un par de ejemplos de varias “trampas” psicológicas que deberíamos evitar si deseamos administrar nuestras inversiones personalmente. La inteligencia emocional es muy importante para hacer una gestión adecuada de nuestras inversiones y evitar errores clásicos como comprar acciones “porque están subiendo”. Clásico comportamiento de rebaño que Warren Buffet advierte cuando nos dice “la razón más tonta para comprar una acción, es porque está subiendo”. Ténganlo presente y éxito en sus inversiones.

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