¿Qué necesito para administrar mis inversiones?

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Por: Luis Ramírez

(Docente de BURSEN-Centro de Estudios de la BVL y Gerente General de Kevala Advisors)

Dicen que invertir en bolsa es fácil, pero en realidad esto es una verdad a medias. La inversión en bolsa tiene dos caras. En primer lugar, la parte operativa-administrativa que empieza cuando nos acercamos a una Sociedad Agente de Bolsa (SAB) para abrir una cuenta. Se completa y firma una ficha de registro de datos personales muy simples. Con esta información la SAB gestionará un código RUT (Registro Único de Titulares) al participante. Luego de ello, el inversionista estaría listo para llamar a su operador de Bolsa e instruir una operación de compra (hacer la inversión). Este proceso efectivamente es muy sencillo, sin embargo, cuando nos enfrentamos a la decisión sobre en qué invertir y cuál es el mejor momento para comprar y vender valores, nos encontramos con una realidad diferente y negociar en bolsa ya no resulta tan fácil.

Entonces, ¿Qué se necesita para poder administrar personalmente las inversiones? En primer lugar, es importante mencionar lo que no se debe hacer.

Una persona no debería invertir en un activo (acciones, bonos, entre otros) porque algún conocido suyo, le contó que negoció en dicho activo y ganó dinero. La explicación es muy sencilla: Las personas no necesariamente tenemos el mismo perfil de riesgo ni los mismos objetivos. Entonces, por ejemplo, ¿Qué pasaría si un amigo nuestro quien tiene un perfil agresivo realiza inversiones de alto riesgo? Podría pasar que el precio del activo en cuestión suba, y seguramente lo felicitemos por tal transacción. Pero que sucedería si después de la compra el valor de ese activo cae, ¿Podremos manejar la ansiedad asociada al ver como se desvaloriza la inversión?

Invertir no es un juego. La forma correcta de realizar inversiones empieza por desarrollar un “Plan de Inversiones”. Para esto, debemos tener claro nuestros objetivos, es decir, plantearnos para qué estamos haciendo las inversiones. La rentabilidad, no debería ser un objetivo sino más bien el medio para lograr dicha meta.

Uno de los propósitos debería ser, por ejemplo, el “retiro anticipado”, pues probablemente no deseamos esperar hasta los 65 años para jubilarnos. Tal vez nos apasiona la fotografía y anhelamos tiempo para ponerla en práctica, pero no podemos porque somos el soporte económico de la familia y debemos trabajar. Para hacer realidad ese objetivo se necesitaría un patrimonio que genere ingresos o rentas suficientes que permitan a la persona dejar de trabajar, por ejemplo, a los 50 años.

Al especificar la meta personal, el horizonte de inversión queda definido de manera implícita. Lo siguiente será establecer los parámetros de riesgo-rendimiento con los que nos sintamos cómodos y que además nos permitan lograr el objetivo.

La elaboración del plan de inversiones es el paso previo para iniciar una negociación. En su práctica se debe elaborar la estrategia de inversión, es decir, estructurar el portafolio tomando para ello los parámetros del plan (riesgo aceptado, rendimiento esperado, horizonte de inversión, etapa de vida del inversionista y objetivos de inversión) y se diseña sobre la base de los fundamentos globales vigentes.

Para realizar lo anteriormente expuesto debemos contar con una base de conocimientos en teoría económica, financiera, nociones de estadísticas, así como manejar herramientas de análisis para la toma de decisiones en las inversiones. En resumen, debemos ser capaces de entender cómo los hechos fundamentales (económicos, políticos, entre otros) se trasladan al precio de los activos financieros.

No obstante, dichos precios no solo se mueven por fundamentos, sino que además existen factores emocionales que influyen en las decisiones de quienes están comprando y vendiendo valores. Por ello, debemos ser capaces de entender cómo ese aspecto emocional afecta el comportamiento de los mercados. Es importante que desarrollemos una madurez emocional que nos evite caer en las trampas psicológicas que generalmente nos llevarán por “el lado oscuro” del proceso en la toma de decisiones.

Finalmente, además de contar con la capacidad para analizar y procesar la información económica y contar con inteligencia emocional, debemos agregar la importancia de destinar un periodo de tiempo para leer y analizar la información que de manera permanente fluye al mercado.

Otro punto importante a tomar en cuenta es realizar el seguimiento a nuestras inversiones, pues si bien el trabajo es a largo plazo, al mercado no se le puede dar la espalda.

Si tenemos todo esto adelante, estamos listos para administrar nuestras inversiones. De lo contrario, tenemos dos alternativas: o estudiamos y nos capacitamos o contratamos un asesor. Lo que de ninguna manera debemos hacer, es entrar al mercado a “timbear”.

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