El Mercado de Valores hacia el 2021

Autor: Fernando Cadillo Vásquez, profesor en BURSEN

 

En América Latina y en el Perú, las decisiones de financiamiento del sector privado han privilegiado, por décadas, el sistema de intermediación indirecta.

Desde México hasta Argentina la preferencia y libertad de las personas y empresas  que necesitan financiamiento han potenciado el desarrollo del sistema de intermediación indirecta, incluso en algunos de ellos, hasta la fecha, con la activa participación del estado a través de empresas financieras de capital público.

En los años recientes y en un contexto de estabilidad económica, economía de mercado y apertura comercial, el sector privado nacional ha ido incorporando gradualmente decisiones de financiamiento en el sistema de intermediación directa.

Las empresas corporativas y medianas empresas emiten hoy en día instrumentos financieros como papeles comerciales, certificados de depósito y bonos a fin de financiar capital de trabajo, financiar proyectos de inversión, adquirir activos fijos o reestructurar pasivos, accediendo entre otros beneficios comparativos, en relación al sistema de intermediación indirecta, a los importes de inversión requeridos, plazos de financiamiento que se alinean a los flujos de caja del proyecto y a tasas de interés de mercado acordes al nivel de riesgo del proyecto.

La adopción de financiar las inversiones en el sistema de intermediación directa se enmarca dentro de un análisis del entorno que realiza cada emisor a fin de crear valor para sus accionistas y alcanzar una posición competitiva y sostenible en el mediano plazo.

Se hace necesario sin embargo continuar incentivando que dichas decisiones se sigan incorporando en el proceso de planeamiento de más empresas, no solamente de las que ya participan en el mercado de valores, sino principalmente de aquellas que aún no han tenido acceso a él a fin de ir generando mayor inclusión y efectividad del sistema de intermediación directa.

Dichos incentivos deben ser consensuados y articulados por los participantes considerados pilares del mercado de valores: SMV, BVL, SABs y con la activa intervención de los gremios empresariales, inversionistas institucionales, representantes de inversionistas minoritarios, asociaciones civiles de defensa de los intereses de los ciudadanos, colegios profesionales, académicos e internacionalistas, a partir de un diagnóstico que permita construir un plan estratégico que descanse en una visión compartida de lo que se espera signifique en el futuro el mercado de valores para el desarrollo económico y social del país.

Esfuerzos recientes han permitido por ejemplo a 12 empresas en los últimos 3 años a integrase a la BVL en el segmento Mercado Alternativo de Valores, habiendo alcanzado un total de 60 emisiones de obligaciones de corto y mediano plazo y obtener financiamiento por USD 50 millones.

Así mismo, otra acción importante ha sido el impulsó del Ministerio de la Producción y del Ministerio de Economía y Finanzas en adecuar y actualizar el marco de las operaciones de factoring para que principalmente las medianas y pequeñas no pierdan capital de trabajo al otorgar financiamiento a sus clientes y reduzcan su costo financiero. A través del sistema de negociación de la BVL, (el más moderno de Latinoamérica) y el sistema de registro y custodia de Cavali, estas instituciones del mercado de valores manifiestan su decidido apoyo a esta iniciativa pública.

Finalmente, la internacionalización de los índices de la BVL desde inicios del año 2015 a través de la plataforma de la empresa Standard & Poors ha sido un paso importante para en el futuro atraer nuevos inversionistas internacionales a nuestro mercado de valores a fin de alcanzar una mayor profundidad y diversidad de tenedores de instrumentos financieros emitidos en el Perú y negociados en la BVL.

No obstante, hacia el futuro, y en el actual contexto económico, político y social en el que se encuentra el país, se hace necesario empezar ya a construir la visión compartida del mercado de valores, y un importante plazo referente sería  el año 2021, año del bicentenario patrio.

Dicha visión debiera tener como cimientos en primer lugar la adhesión a las prácticas de gobierno corporativo y en segundo lugar al inversionista persona natural, pues sin él, la sola existencia de emisores y proyectos promovidos por las empresas y que necesitan ser financiados, no será suficiente para promover el desarrollo del futuro del mercado de valores en un contexto regional y global.

En este sentido, hay 2 estrategias a seguir para alcanzar dicha visión compartida hacia el 2021: la educación financiera y la participación ciudadana.

 

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